CAT | Cajón revuelto

Mar/10

28

El tiempo infinito

Ya sé por qué siempre me falta tiempo.
Lo he descubierto un día que no tenía tiempo para pensar y así sin pensar, como vienen las ideas realmente buenas, descubrí por qué siempre me falta tiempo.

Me falta tiempo, porque en realidad no lo quiero. Si quisiera tiempo, hace ya mucho que hubiera dejado la clase de gimnasia, la película de los miércoles, el salir con los amigos, o incluso hasta escribir en el blog. Y todo esto para tener más tiempo.

En cuanto falla alguna actividad, en seguida me veo con 30 minutos preciosos de tiempo. ¡Huy! ¡Qué desliz! ¡Hay que buscar rápidamente algo que hacer! Entonces encuentro un cajón que ordenar, o un objeto que comprar, o qué casualidad, tengo que aprender otro idioma.

Vivo en la creencia errónea de que necesito más tiempo, pero lo que realmente necesito es menos actividades erróneas. Sin actividades el tiempo es infinito. Con las actividades correctas el tiempo es exacto. No hay más del necesario, ni sobra ni falta, que es como decir que es infinito, porque cuando das de lleno en lo exacto te asalta un éxtasis momentáneo que te lanza al infinito. Una especie de ¡Eureka! de andar por casa.

Hoy recogía los juguetes de mi niño, porque sabía que iban a llevarse la alfombra a limpiar. Hice mil cosas antes esta mañana. Pero cuando recogí el último juguete llamaron al timbre. ¡Oh dicha! Ya tienen la alfombra lista. No he tardado ni un segundo menos del necesario. ¿Para qué más tiempo?

Así que el tiempo de por sí es una cosa muy rara, yo diría que no existe. ¿A qué viene querer más tiempo? ¿Tiempo para qué? ¿Para seguir buscando la felicidad en el mundo?
El tiempo que tenemos es como la psique que tenemos. No podemos hacernos un transplante de psique (al menos, no hasta el año 3122, según algunas crónicas), así que tienes que fastidiarte con la que te ha tocado. El tiempo no es el tiempo. El tiempo es la actividad. Cuando estoy haciendo una actividad no puedo hacer otra, por mucho que me lamente de no tener más tiempo. Así que mejor olvidarse de esa otra actividad hasta que le toque su turno.
Como nos creemos muy listos, hacemos la segunda actividad en la mente mientras hacemos con las manos la primera. Creyendo que esto funcionará… nos volvemos locos, neuróticos y esas cosas que están tan de moda.

Otra modalidad es pensar “¿Y por qué estaré haciendo yo esto en este preciso instante cuando tengo mil cosas importantes que hacer?” Esta lleva al manicomio. Lo que pasa es que los que hacen los tests en el manicomio también sufren de esta enfermedad del cruce de actividades en la mente y cuando te miran te ven muy sano. Así que te libras del manicomio y entras en una oficina.

Una semana viví sin reloj. Si en algún momento necesitaba saber la hora (tres veces en toda la semana) solía encontrarme en la calle con un reloj de estos que dan también la temperatura (¿para qué querremos saber la temperatura en la calle, acaso no sabemos si hace frío o calor?). Tuve un gran valor aquella semana (hoy no lo tengo), pero me dió la visión de cuán condicionada está mi vida por el reloj y cuánta libertad hay sin él.

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Mar/10

28

Todo es por culpa de la gravedad

Todos nuestros problemas son por culpa de la gravedad.
No quiero que me malinterpreten, la gravedad es necesaria, si no, el arroz no entraría en la cazuela y las caquitas de los perros estarían volando por ahí.
Pero tal vez no tanta.
En la Luna, por ejemplo, no tienen gravedad y yo no he visto que haya habido guerras allí, ni discusiones, ni politiqueo ni mucho menos, vida.

La gravedad, de entrada, es la causante de un 90 por ciento de dolores de espalda. El orgullo que hizo al mono andar erguido nos está costando a los humanos miles de euros en visitas al médico. Pero cuando intentamos corregir ese orgullo, se nos inclinan la cervicales, que es peor, y hundimos el pecho, como diciendo, “¡yo no he sido!”

La manía que tenemos las mamás de hacer comer en exceso a los niños les hará aumentar unos codiciados y perjudiciales 5 centímetros más. Cuanto más lejos del centro de la gravedad, más se inclinará la espalda, más posibilidades de tropezar y caer (según estudios científicos que no me he molestado en revisar).

Probablemente dentro de unos siglos, los bajitos heredarán la tierra (tal vez por estar más cerca de ella) y la Sanidad Pública advertirá en las cajetillas de cereales: “crecer mucho es perjudicial para su salud y los que le rodean”.

(A veces la gravedad parece que se ha ido de vacaciones).

Nota: la mascota de la foto se llama Wypo o Wipo y algún día haremos un jueguecito con él.

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Mar/10

28

Dios embotellado

Hace unos cuantos años, en el reino de Lebebolshtein, el primer ministro Jürgen von Treher, que era un gran amante de la ciencia empírica invitó a tres grandes científicos de su país y otros tres respetables hombres de conocimiento místico, para que se reunieran en nombre de la verdad con el objetivo de encontrar a Dios.

Los científicos investigaron en los secretos de la física cuántica, mientras que los místicos ahondaron en su conocimiento interior de tal guisa que entre todos acorralaron a Dios y consiguieron encerrarle en un bidón.

Un empresario de una conocida firma farmacéutica logró convencer a von Treher de la importancia de distribuir, a precios populares eso sí, el gran hallazgo universal, así que se apresuraron a embotellar a Dios en cómodos envases unidosis reciclables.

Primero empezaron a venderlo en el territorio nacional y pronto consiguieron compradores en todo el mundo.

Para conocer mejor el mercado, hicieron una encuesta para ver qué hacían con la botellita:

-Un 80 por ciento de los que lo compraban ponían las botellitas en altares de bonitos colores junto a flores y estatuillas.
-Un 15 por ciento de los compradores se atrevían a abrir la botella y no pasaban más allá de acercar la nariz.
-Un 3 por ciento abrían la botella y chupaban una sola gota, después de la cual no se atrevían a más.
-El 2 por ciento restante ingerían todo su contenido, causando un efecto difícil de explicar en términos exactos.

Lo que ocurrió después todo el mundo lo conoce: surgieron otras marcas que hicieron una competencia desleal, anunciando que el Dios de su envase era “nuevo y mejorado”. Incluso algunos decían: “el único verdadero, rechace imitaciones”. Algunos añadieron vitaminas; otros, colorantes artificiales y conservantes. Incluso algunos se atrevieron a envasar alguna otra cosa que no era el Dios original, cuya ingesta ha provocado casos de alucinaciones, esquizofrenia y otros desórdenes.

Menos mal que von Treher falleció antes de que surgiera todo este desaguisado, porque él, que creía que iba a mejorar el mundo con su hallazgo, se echaría las manos a la cabeza…

Cualquier parecido con la realidad es mera ilusión.

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