CAT | Cajón revuelto
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El tiempo infinito
Añade tu comentario · Escrito por Raquel Sánchez Ventero en Cajón revuelto
Ya sé por qué siempre me falta tiempo.
Lo he descubierto un dÃa que no tenÃa tiempo para pensar y asà sin pensar, como vienen las ideas realmente buenas, descubrà por qué siempre me falta tiempo.
Me falta tiempo, porque en realidad no lo quiero. Si quisiera tiempo, hace ya mucho que hubiera dejado la clase de gimnasia, la pelÃcula de los miércoles, el salir con los amigos, o incluso hasta escribir en el blog. Y todo esto para tener más tiempo.
En cuanto falla alguna actividad, en seguida me veo con 30 minutos preciosos de tiempo. ¡Huy! ¡Qué desliz! ¡Hay que buscar rápidamente algo que hacer! Entonces encuentro un cajón que ordenar, o un objeto que comprar, o qué casualidad, tengo que aprender otro idioma.
Vivo en la creencia errónea de que necesito más tiempo, pero lo que realmente necesito es menos actividades erróneas. Sin actividades el tiempo es infinito. Con las actividades correctas el tiempo es exacto. No hay más del necesario, ni sobra ni falta, que es como decir que es infinito, porque cuando das de lleno en lo exacto te asalta un éxtasis momentáneo que te lanza al infinito. Una especie de ¡Eureka! de andar por casa.
Hoy recogÃa los juguetes de mi niño, porque sabÃa que iban a llevarse la alfombra a limpiar. Hice mil cosas antes esta mañana. Pero cuando recogà el último juguete llamaron al timbre. ¡Oh dicha! Ya tienen la alfombra lista. No he tardado ni un segundo menos del necesario. ¿Para qué más tiempo?
Asà que el tiempo de por sà es una cosa muy rara, yo dirÃa que no existe. ¿A qué viene querer más tiempo? ¿Tiempo para qué? ¿Para seguir buscando la felicidad en el mundo?
El tiempo que tenemos es como la psique que tenemos. No podemos hacernos un transplante de psique (al menos, no hasta el año 3122, según algunas crónicas), asà que tienes que fastidiarte con la que te ha tocado. El tiempo no es el tiempo. El tiempo es la actividad. Cuando estoy haciendo una actividad no puedo hacer otra, por mucho que me lamente de no tener más tiempo. Asà que mejor olvidarse de esa otra actividad hasta que le toque su turno.
Como nos creemos muy listos, hacemos la segunda actividad en la mente mientras hacemos con las manos la primera. Creyendo que esto funcionará… nos volvemos locos, neuróticos y esas cosas que están tan de moda.
Otra modalidad es pensar “¿Y por qué estaré haciendo yo esto en este preciso instante cuando tengo mil cosas importantes que hacer?” Esta lleva al manicomio. Lo que pasa es que los que hacen los tests en el manicomio también sufren de esta enfermedad del cruce de actividades en la mente y cuando te miran te ven muy sano. Asà que te libras del manicomio y entras en una oficina.
Una semana vivà sin reloj. Si en algún momento necesitaba saber la hora (tres veces en toda la semana) solÃa encontrarme en la calle con un reloj de estos que dan también la temperatura (¿para qué querremos saber la temperatura en la calle, acaso no sabemos si hace frÃo o calor?). Tuve un gran valor aquella semana (hoy no lo tengo), pero me dió la visión de cuán condicionada está mi vida por el reloj y cuánta libertad hay sin él.
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Todo es por culpa de la gravedad
Añade tu comentario · Escrito por Raquel Sánchez Ventero en Cajón revuelto

Todos nuestros problemas son por culpa de la gravedad.
No quiero que me malinterpreten, la gravedad es necesaria, si no, el arroz no entrarÃa en la cazuela y las caquitas de los perros estarÃan volando por ahÃ.
Pero tal vez no tanta.
En la Luna, por ejemplo, no tienen gravedad y yo no he visto que haya habido guerras allÃ, ni discusiones, ni politiqueo ni mucho menos, vida.
La gravedad, de entrada, es la causante de un 90 por ciento de dolores de espalda. El orgullo que hizo al mono andar erguido nos está costando a los humanos miles de euros en visitas al médico. Pero cuando intentamos corregir ese orgullo, se nos inclinan la cervicales, que es peor, y hundimos el pecho, como diciendo, “¡yo no he sido!”
La manÃa que tenemos las mamás de hacer comer en exceso a los niños les hará aumentar unos codiciados y perjudiciales 5 centÃmetros más. Cuanto más lejos del centro de la gravedad, más se inclinará la espalda, más posibilidades de tropezar y caer (según estudios cientÃficos que no me he molestado en revisar).
Probablemente dentro de unos siglos, los bajitos heredarán la tierra (tal vez por estar más cerca de ella) y la Sanidad Pública advertirá en las cajetillas de cereales: “crecer mucho es perjudicial para su salud y los que le rodean”.
(A veces la gravedad parece que se ha ido de vacaciones).
Nota: la mascota de la foto se llama Wypo o Wipo y algún dÃa haremos un jueguecito con él.
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Dios embotellado
Añade tu comentario · Escrito por Raquel Sánchez Ventero en Cajón revuelto
Hace unos cuantos años, en el reino de Lebebolshtein, el primer ministro Jürgen von Treher, que era un gran amante de la ciencia empÃrica invitó a tres grandes cientÃficos de su paÃs y otros tres respetables hombres de conocimiento mÃstico, para que se reunieran en nombre de la verdad con el objetivo de encontrar a Dios.
Los cientÃficos investigaron en los secretos de la fÃsica cuántica, mientras que los mÃsticos ahondaron en su conocimiento interior de tal guisa que entre todos acorralaron a Dios y consiguieron encerrarle en un bidón.
Un empresario de una conocida firma farmacéutica logró convencer a von Treher de la importancia de distribuir, a precios populares eso sÃ, el gran hallazgo universal, asà que se apresuraron a embotellar a Dios en cómodos envases unidosis reciclables.
Primero empezaron a venderlo en el territorio nacional y pronto consiguieron compradores en todo el mundo.
Para conocer mejor el mercado, hicieron una encuesta para ver qué hacÃan con la botellita:
-Un 80 por ciento de los que lo compraban ponÃan las botellitas en altares de bonitos colores junto a flores y estatuillas.
-Un 15 por ciento de los compradores se atrevÃan a abrir la botella y no pasaban más allá de acercar la nariz.
-Un 3 por ciento abrÃan la botella y chupaban una sola gota, después de la cual no se atrevÃan a más.
-El 2 por ciento restante ingerÃan todo su contenido, causando un efecto difÃcil de explicar en términos exactos.
Lo que ocurrió después todo el mundo lo conoce: surgieron otras marcas que hicieron una competencia desleal, anunciando que el Dios de su envase era “nuevo y mejorado”. Incluso algunos decÃan: “el único verdadero, rechace imitaciones”. Algunos añadieron vitaminas; otros, colorantes artificiales y conservantes. Incluso algunos se atrevieron a envasar alguna otra cosa que no era el Dios original, cuya ingesta ha provocado casos de alucinaciones, esquizofrenia y otros desórdenes.
Menos mal que von Treher falleció antes de que surgiera todo este desaguisado, porque él, que creÃa que iba a mejorar el mundo con su hallazgo, se echarÃa las manos a la cabeza…
Cualquier parecido con la realidad es mera ilusión.
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