Hace unos cuantos años, en el reino de Lebebolshtein, el primer ministro Jürgen von Treher, que era un gran amante de la ciencia empÃrica invitó a tres grandes cientÃficos de su paÃs y otros tres respetables hombres de conocimiento mÃstico, para que se reunieran en nombre de la verdad con el objetivo de encontrar a Dios.
Los cientÃficos investigaron en los secretos de la fÃsica cuántica, mientras que los mÃsticos ahondaron en su conocimiento interior de tal guisa que entre todos acorralaron a Dios y consiguieron encerrarle en un bidón.
Un empresario de una conocida firma farmacéutica logró convencer a von Treher de la importancia de distribuir, a precios populares eso sÃ, el gran hallazgo universal, asà que se apresuraron a embotellar a Dios en cómodos envases unidosis reciclables.
Primero empezaron a venderlo en el territorio nacional y pronto consiguieron compradores en todo el mundo.
Para conocer mejor el mercado, hicieron una encuesta para ver qué hacÃan con la botellita:
-Un 80 por ciento de los que lo compraban ponÃan las botellitas en altares de bonitos colores junto a flores y estatuillas.
-Un 15 por ciento de los compradores se atrevÃan a abrir la botella y no pasaban más allá de acercar la nariz.
-Un 3 por ciento abrÃan la botella y chupaban una sola gota, después de la cual no se atrevÃan a más.
-El 2 por ciento restante ingerÃan todo su contenido, causando un efecto difÃcil de explicar en términos exactos.
Lo que ocurrió después todo el mundo lo conoce: surgieron otras marcas que hicieron una competencia desleal, anunciando que el Dios de su envase era “nuevo y mejorado”. Incluso algunos decÃan: “el único verdadero, rechace imitaciones”. Algunos añadieron vitaminas; otros, colorantes artificiales y conservantes. Incluso algunos se atrevieron a envasar alguna otra cosa que no era el Dios original, cuya ingesta ha provocado casos de alucinaciones, esquizofrenia y otros desórdenes.
Menos mal que von Treher falleció antes de que surgiera todo este desaguisado, porque él, que creÃa que iba a mejorar el mundo con su hallazgo, se echarÃa las manos a la cabeza…
Cualquier parecido con la realidad es mera ilusión.
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