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Dios embotellado
Añade tu comentario · Escrito por Raquel Sánchez Ventero en Cajón revuelto
Hace unos cuantos años, en el reino de Lebebolshtein, el primer ministro Jürgen von Treher, que era un gran amante de la ciencia empÃrica invitó a tres grandes cientÃficos de su paÃs y otros tres respetables hombres de conocimiento mÃstico, para que se reunieran en nombre de la verdad con el objetivo de encontrar a Dios.
Los cientÃficos investigaron en los secretos de la fÃsica cuántica, mientras que los mÃsticos ahondaron en su conocimiento interior de tal guisa que entre todos acorralaron a Dios y consiguieron encerrarle en un bidón.
Un empresario de una conocida firma farmacéutica logró convencer a von Treher de la importancia de distribuir, a precios populares eso sÃ, el gran hallazgo universal, asà que se apresuraron a embotellar a Dios en cómodos envases unidosis reciclables.
Primero empezaron a venderlo en el territorio nacional y pronto consiguieron compradores en todo el mundo.
Para conocer mejor el mercado, hicieron una encuesta para ver qué hacÃan con la botellita:
-Un 80 por ciento de los que lo compraban ponÃan las botellitas en altares de bonitos colores junto a flores y estatuillas.
-Un 15 por ciento de los compradores se atrevÃan a abrir la botella y no pasaban más allá de acercar la nariz.
-Un 3 por ciento abrÃan la botella y chupaban una sola gota, después de la cual no se atrevÃan a más.
-El 2 por ciento restante ingerÃan todo su contenido, causando un efecto difÃcil de explicar en términos exactos.
Lo que ocurrió después todo el mundo lo conoce: surgieron otras marcas que hicieron una competencia desleal, anunciando que el Dios de su envase era “nuevo y mejorado”. Incluso algunos decÃan: “el único verdadero, rechace imitaciones”. Algunos añadieron vitaminas; otros, colorantes artificiales y conservantes. Incluso algunos se atrevieron a envasar alguna otra cosa que no era el Dios original, cuya ingesta ha provocado casos de alucinaciones, esquizofrenia y otros desórdenes.
Menos mal que von Treher falleció antes de que surgiera todo este desaguisado, porque él, que creÃa que iba a mejorar el mundo con su hallazgo, se echarÃa las manos a la cabeza…
Cualquier parecido con la realidad es mera ilusión.
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